La comida rápida y nuestra salud

En muchas ocasiones, el ritmo de vida que llevamos no es de lo más calmado que podría ser y en esta sociedad donde todo va muy deprisa y apenas tenemos tiempo para hacer las cosas, solemos comer o mejor dicho malcomer en muy poco tiempo para continuar con nuestra actividad.

Comida rápida, con moderación

Además otro de los factores imperantes actualmente es la comodidad, donde siempre intentamos que las cosas nos las sirvan rápido, bien a casa o yendo a un restaurante de comida rápida para quitar este trámite cuanto antes. La comida rápida está repleta de condimentos que aumentan las calorías que tomamos. Claro, luego nos toca apuntarnos a la moda del running y empezar a correr para quemar las calorías de más que se nos acumulan en la zona de la barriga ;)

La comida rápida no solamente se limita a hamburguesas, patatas fritas, perritos calientes y un refresco, también podemos meter en este grupo las pizzas (aunque siempre serán una de las mejores opciones, pero no para comer todos los días) kebabs y esta clase de alimentación que, para un apuro de un día es una opción a pesar de no ser todo lo saludable que debiera.

Lo más recomendable es tener una dieta equilibrada y llevar al trabajo la comida hecha por nosotros, bien sea una ensalada, pasta, verduras o cosas ligeras que nos permitirán comer bien y quedar a gusto. Además nunca hay que comer hasta llenarse, siempre hay que quedar con un poco de hambre tal como recomiendan los expertos.

Éstos también recomiendan en que eliminemos de nuestra comida alimentos precocinados, frituras, comida rápida y todo aquello que a la larga pudiera convertirse en una complicación para nuestro organismo porque si abusamos de esta clase de alimentación podemos comenzar a tener problemas de salud que nos resultará más difícil erradicarlos.

Está demostrado que la comida aumenta el riesgo de padecer obesidad, con los riesgos asociados que eso conlleva como posibilidad de tener diabetes, problemas cardiovasculares, etc. Las grandes dosis de grasas saturadas afectan al sistema venoso y arterial pero también hacen que el colesterol aumente. Siempre que podamos elegir a la hora de comer, debemos hacerlo de una manera sensata y eligiendo la alimentación más ligera y natural, aunque nadie quita que una vez al mes podamos comernos una pizza o un menú de hamburguesa, al cuerpo hay que darle algún capricho que otro.

El hidróxido de amonio es parte de algunos productos que se elaboran dentro de lo que es la comida rápida. Los expertos revelaron hace tiempo que este producto es usado en muchos productos de limpieza.

Actualmente se están realizando diferentes estudios en todo el mundo sobre el riesgo que trae a nuestra salud la ingesta de esta clase de alimentación con este compuesto, pero seguro que no es bueno para el organismo.

La comida rápida aumenta la tensión arterial, algo que se produce a causa de las grandes cantidades de sal que se usan para intensificar los sabores de las diferentes elaboraciones que se engloban dentro de la comida rápida. El consumo frecuente de sal aumenta notablemente la presión arterial, y un abuso continuo puede desembocar en enfermedades cardiovasculares o una enfermedad renal entre otros problemas de salud.

No son pocos los anuncios publicitarios que vemos donde los menús o diferentes platos de comida rápida tienen precios muy bajos, uno de los puntos que más atrae a los consumidores. El bajo precio puede estar reñido con la calidad, pero no porque la carne de una hamburguesa sea mala sino porque esta clase de comida tiene altísimos índices de calorías y grasas así como escasos nutrientes necesarios para el organismo.

No todas las comidas rápidas pueden presumir de proporcionar vitaminas y minerales al organismo, por lo que en estos casos estaremos ingiriendo calorías vacías que no aportan nada a nuestro organismo a excepción de lo que os hemos comentado durante el desarrollo de esta entrada.

Un grupo de científicos del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela y del Centro de Investigación Biomédica en Red de la Obesidad y la Nutrición, CIBERobn, ha puesto en práctica un sistema experimental capaz de regular el peso en animales y que abrirá nuevos caminos en el tratamiento de la obesidad que padecen millones de personas en todo el mundo.

La ingesta de alimentos y el gasto de energía condicionan la masa corporal de una persona pero en algunas ocasiones estos factores no son directamente proporcionales, es decir, hay personas con una actividad física moderada que realizan una ingesta elevada de alimentos y están muy delgadas; y por otro lado, las hay que comen muy poco y su índice de masa corporal está por encima del recomendado. Este nuevo estudio se ha centrado en cómo actúan las hormonas tiroideas sobre el cerebro humano, modulando el metabolismo de las grasas en el hipotálamo. Grasas que tomamos en grandes cantidades si nuestra dieta incluye comida rápida. Y esto no se arregla después saliendo a comer. No estamos comiendo de forma sana y hacer ejercicio puede disimular nuestro peso, pero no las carencias nutritivas.

El origen de todo se encuentra en el tiroides, una glándula situada en el cuello y responsable de producir las hormonas tiroideas, que circulan por todo el cuerpo indicando a todos los órganos la velocidad con la que deben desarrollarse los procesos metabólicos. En algunas personas, esta glándula presenta ciertas alteraciones en su funcionamiento. Si el tiroides libera una cantidad demasiado alta de hormonas en un periodo muy corto de tiempo se produce el hipertiroidismo y si la cantidad de hormonas circulantes por el organismo es insuficiente se origina el hipotiroidismo.

Los síntomas más frecuentes que presentan los pacientes aquejados con alguna de estas dos enfermedades son la pérdida de peso, en el caso del hipertiroidismo, o el aumento de éste, en el caso del hipotiroidismo, así como otros problemas más graves relacionados con la síntesis de minerales y vitaminas que pueden comprometer la vida del paciente. La investigación llevada a cabo por este equipo de científicos gallegos resalta la importancia de la denominada grasa parda, encargada de quemar energía para elevar la temperatura del cuerpo y con efectos beneficiosos para el organismo.

La presencia de este tipo de grasa en el cuerpo humano actúa como protección contra el sobrepeso. De ahí que el objetivo primordial de toda la investigación ha consistido en modular la actividad de las hormonas tiroideas con la utilización de fármacos para que éstas, a su vez, actúen sobre la parte del cerebro que estimula la producción de la grasa parda. De siempre es sabido que en relación a cantidad “ni mucho ni poco” es lo ideal y un cuerpo saludable empieza por conseguir un peso equilibrado. Y ese peso equilibrado significa comer sano, en cantidades razonables y olvidarnos de la comida rápida.

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